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El verano está a la vuelta de la esquina y con él las vacaciones escolares, una oportunidad única para que los niños y niñas descansen y se liberen del agobio escolar; un período crucial para su desarrollo cognitivo y emocional, donde poner en práctica, fuera del entorno estructurado de la escuela, todo lo que han aprendido a lo largo del curso.

El periodo de vacaciones también significa un cambio radical en los horarios y rutinas diarias. Para algunos niños será un cambio positivo, pero para muchos otros puede ser un momento de estrés, donde su estado de ánimo y comportamiento se verán afectados. Es fundamental que, como padres, comprendamos y anticipemos como pueden afectar estos cambios a nuestros hijos e hijas para lograr una transición lo más ajustada posible a sus necesidades.  

Los niños funcionan mejor con una estructura en su día a día y las vacaciones rompen con muchos de los horarios y normas establecidas. Para hacer que el verano sea más fácil de manejar y una experiencia positiva en familia, os dejamos algunas reglas básicas que debemos recordar.

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Mantener los horarios clave

No pasa nada si no podemos seguir los horarios al pie de la letra, pero mantener una hora para levantarse y acostarse parecida, horarios de comidas similares así como de descanso y “tareas”, nos va a ayudar a mantener las rutinas de sueño y hambre en su sitio y a tener puntos clave de referencia a lo largo del día. 

Por otro lado, podemos crear puentes entre las nuevas rutinas y las que ya existían para introducir nuevos lugares o actividades, por ejemplo, entre el colegio y la escuela de verano, buscando los puntos familiares y las diferencias que el niño va a encontrar, o entre comer en el comedor y comer en casa de los abuelos. Así, hablando con ellos, introducimos una nueva rutina partiendo de lo conocido y dándole herramientas al niño o la niña para comprender los cambios. 

Anticipación

Dedicar cinco minutos a explicar por la noche, o en la misma mañana, qué actividades nos esperan en el día puede suponer un gran cambio para el niño, que con menos incertidumbre puede anticipar lo que le espera, con menos rabietas y más involucrado. Ya sea de forma hablada, escrita, con fotos, pictogramas, saac… anticipar una rutina nos puede salvar de más de un apuro. 

Cambios sí, pero de uno en uno

Si en una misma semana un niño o una niña que necesita una rutina fija afronta varios cambios (dejar de ir al colegio, empezar en la escuela de verano, ir a comer todos los días a casa de los abuelo, etc.) le dejamos muy poco margen para acostumbrarse a estos y poder volver a un estado de regulación adecuado trás cada nueva incorporación. 

Intenta (dentro de lo posible) espaciar las nuevas rutinas, ajustándote a los tiempo de adaptación que necesita tu pequeño/a. De media, dejar entre dos y tres días entre cambio y cambio favorece la adaptación y disminuye el nivel de estrés acumulado. 

El verano puede ser un momento maravilloso de conexión y crecimiento tanto para los niños como para los padres, gestionarlo con atención y comprensión nos ayudará a encontrar el equilibrio un poco más rápido y con una pizca menos de estrés. Un buen punto de partida para todo el verano.