El vigente desarrollo de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) ha provocado un uso extendido de las pantallas, colocando en una situación de vulnerabilidad a los niños y adolescentes que se exponen al riesgo de un tiempo excesivo de exposición y un mal uso de pantallas desde etapas evolutivas tempranas.
Actualmente, los teléfonos móviles han pasado a ser dispositivos de uso generalizado en todas las áreas importantes en el día a día más allá del ámbito académico o de aprendizaje. Reflejo de ello lo encontramos en investigaciones que apuntan que el tiempo promedio de uso es de 180 minutos al día, siendo esta cifra el doble que hace una década. Además, también la edad de inicio de exposición a estos dispositivos es cada vez menor y más precoz.

¿En qué afecta el uso temprano de dispositivos?
La cantidad de horas que ocupan los niños en la utilización de pantallas, así como el tipo de contenido al que se exponen, se ha visto relacionado con problemas de salud física como:
- Baja actividad física.
- Obesidad y/o sobrepeso.
- Patrones de alimentación desadaptativos y perjudiciales.
- Alteraciones en el desarrollo de la psicomotricidad.
La sobreexposición a dispositivos móviles también se vincula con la aparición de problemas psicológicos como:
- Disminución de la capacidad de autocontrol y gestión emocional que repercute en un nivel más alto de agresividad.
- Problemas relacionados con el inicio y mantenimiento del sueño (consistencia y duración de éste).
- Dificultades en la adquisición normativa del lenguaje.
- Retrasos académicos por bajos niveles de aprendizaje y atención.
- Problemas relacionados con la adquisición de habilidades sociales que pueden generar dificultades a nivel de ansiedad o depresión.
¿Qué podemos hacer como figuras adultas con los niños y adolescentes?
La situación tecnológica actual resulta compleja y por ello requiere del desarrollo de mecanismos de mediación parental que permitan trasladar una orientación a los menores para que puedan así tener una buena relación con la tecnología y el ecosistema digital.
Las siguientes pautas pueden resultar beneficiosas si se instauran como hábitos:
- Se recomienda no exponer los niños y niñas a pantallas hasta los 3 años, retrasar la adquisición de un dispositivo móvil propio más allá de los 12 años y limitar su uso por debajo de los 16 años.
- Llevar a cabo un control parental efectivo para prevenir situaciones problemáticas referidas al uso abusivo o poco responsable de los móviles, estableciendo un horario diario para utilizar los dispositivos tecnológicos y restringiendo el acceso con claves y descarga de aplicaciones elegidas.
- Marcar límites en el uso del teléfono como, por ejemplo, no utilizarlo durante las comidas ni tampoco en la habitación cuando se estudia o cuando se duerme.
- Promover la existencia de actividades alternativas al aire libre, actividades físicas, deportivas, tareas y tiempo de calidad a nivel familiar que permita fomentar las relaciones sociales.
- Supervisar que el contenido al que tienen acceso sea apropiado para su edad.
- Modelar una buena conducta con respecto a las pantallas. Los niños tienen tendencia a aprender por imitación por lo que, si se limita el tiempo de uso por parte de los adultos y se hace un buen uso de los dispositivos, se puede obtener un comportamiento equilibrado adecuado a imitar.
En caso de considerar que las pautas son insuficientes para gestionar la situación existente se debe pedir ayuda profesional antes de que se cree un ambiente insostenible. Esta ayuda no sólo debe intervenir sobre el niño o el adolescente si no, y sobre todo, debe ir dirigida a todo el entorno familiar.



