El trastorno por déficit de atención y/o hiperactividad (TDAH) es uno de los trastornos del neurodesarrollo más frecuentes en la infancia y en la adolescencia, que se caracteriza por sus tres síntomas nucleares: inatención, impulsividad y/o hiperactividad.
Hasta el momento, el interés de los investigadores se ha centrado especialmente en los aspectos cognitivos del trastorno, dejando en un segundo plano otros aspectos clave como son las relaciones sociales o la competencia emocional. Sin embargo, cada vez hay más estudios que se centran en la presencia de una alteración de las relaciones sociales y de la regulación emocional en niños y niñas con TDAH.

¿QUÉ CARACTERÍSTICAS AFECTAN LA SOCIALIZACIÓN?
Numerosos estudios afirman que los niños con TDAH experimentan dificultades interpersonales y baja competencia social a pesar de que se esfuerzan por ser aceptados. Las relaciones con sus iguales son el indicador clave de la competencia social. Los niños con TDAH pueden ser rechazados por múltiples factores y, según el subtipo, las características más destacadas son:
- Inatención: tienen dificultades para mantener la atención, sobre todo en tareas que no son de su interés y, es aquí donde el niño se muestra más distraído. En las situaciones sociales y académicas, suelen cometer errores por descuido y, por tanto, las tareas suelen estar descuidadas y mal presentadas. Además, la mayoría de las veces, tienen la mente en otro sitio y parece que no escuchan a nadie, cambian de tema frecuentemente y no siguen las normas de los juegos.
- Hiperactividad: niños muy inquietos e intranquilos. Pueden saltar y correr en sitios donde no procede y, esto dificulta su socialización y provoca más castigos por parte de padres y profesores.
- Impulsividad: esto provoca que los niños y las niñas actúen sin pensar en las consecuencias de sus actos y, por tanto, no siguen las normas, interrumpen conversaciones, etc., cosa que puede afectar más a la relación con los iguales.
¿QUÉ PODEMOS HACER PARA MEJORAR SUS HABILIDADES SOCIALES?
Es frecuente que estas características se den desde los primeros años de vida y que, en gran medida, continúen en la edad adulta. En la edad escolar, estas dificultades aparecen tanto cuando se relacionan con sus iguales como cuando se relacionan con la familia y/o profesionales educativos. Por lo que es importante que las sesiones terapéuticas, no solo se lleven a cabo a nivel individual y/o grupal, donde el niño pondrá en práctica con sus iguales los conocimientos previamente adquiridos, sino que también es esencial que se hagan sesiones de orientación a familias y docentes, mediante técnicas y programas de modificación de conducta y de entrenamiento de habilidades sociales, que ejerciten el reconocimiento de emociones y su adecuada regulación.
Además, es relevante que el niño o la niña aprenda a analizar las situaciones sociales que suceden en su día a día, ya que así comprenderá qué sucede y por qué se dan. Para ello se pueden usar auto-instrucciones, refuerzo social y/o alternativas de resolución de conflictos. Y, juntamente con esto, se debe entrenar la asertividad, como forma de expresar y comunicar ideas, opiniones y sentimientos sin ofender a nadie, ya que esto ayudará a reducir la agresividad tanto física como verbal de los niños con TDAH.
En conclusión, aunque se ha demostrado la eficacia del tratamiento farmacológico ante la agresividad y las relaciones interpersonales, es esencial su combinación con terapia psicológica mediante la implementación de programas de entrenamiento en habilidades sociales y auto-instrucciones, así como la psicoeducación y la orientación a familias y profesionales de la educación. La actuación conjunta de todos los ámbitos de la vida diaria del niño con TDAH mejorará su capacidad para desempeñarse con el resto de las personas y a afrontar mejor las situaciones sociales.



